A cuántos de nosotros nos ha pasado más de una vez sentirnos atascados en una situación sin poder ver la salida? A muchos seguramente y la sensación de impotencia y frustración hace que nos sintamos enjaulados y enredados. En el cuerpo se siente como presión en el pecho o dolor en el cuello o molestias en el estómago. Mientras más tiempo pasa sintiéndonos así, la situación es peor y los síntomas aumentan.

Es un tema recurrente que encuentro en la gente que recurre a mi terapia con Mandala Intuitivo y una buena manera de trabajar y acompañar estas situaciones es hacerlo a través de mandalas. A continuación les explicaré un caso de una cliente mía a la que vamos a poner el nombre de Diana para proteger su identidad.

Diana acudió a mi terapia en un estado de ansiedad y negatividad. Tenía la apariencia de una persona tímida e insegura de sí misma. Su situación era de cambios fuertes en su vida, su esposo se había quedado sin trabajo, sus hijos ya mayores se habían ido de casa a estudiar fuera y ella se sentía con todo esto sola y desesperada.

Mientras más pasaba el tiempo sus pensamientos se multiplicaban y se convertían en trágicos y pesimistas. Le dio rienda suelta a su mente y perdió su poder interno. En las sesiones con ella trabajamos con mindfulness antes de crear sus mandalas para que aprendiera a regresar una y mil veces a su respiración y sentirla como ancla del aquí y ahora. Le enseñé varias técnicas como recursos para hacer frente a sus crisis mientras estaba en su día a día. También usé posturas de yoga restaurativo con ella para que pudiera conectarse con su cuerpo y sentirse a salvo. Ya en el proceso creativo de los mandalas se podía percibir claramente su situación interna, entre colores, pasteles, pintura de dedos, etc pudo ir expresando e integrando todo el enredo y la desesperación.

Fue un trabajo de creación de varios mandalas durante un poco más de dos meses. Mandala tras mandala la acompañé a ir desenredándose, esto se hacía incluso evidente en su propio cuerpo, era indudable cómo el cuerpo hablaba durante y luego de cada creación.

De todos estos mandalas les comparto los más significativos de su proceso creativo para que puedan apreciar la diferencia.

Aquí tenemos el primero, este mandala de Diana, lo creó en parte, con los ojos cerrados, en parte con los ojos abiertos. Con los ojos cerrados como sugerencia mía mientras podía ver que su mente estaba al control de la creación y mientras habían espacios de bloqueo. Fue una combinación de dibujo bilateral con los ojos cerrados, dibujo intuitivo y visualización creativa. Cada proceso es único e individual, siempre aparece lo que quiere ser sanado y cuando el alma está lista para hacerlo.

Finalmente en ese enredo se encontró a ella misma. Diana pudo visualizar la figura de una mujer siguiendo las formas ya hechas. Una mujer que tenía la expresión de tristeza. Si pueden ver justamente parte de una línea curva calza perfectamente como su boca, ahí estaba la tristeza. Y cuando la vió, pudo llorar. Pero luego esa tristeza se convirtió en ira, la ira para ella se expresaba en los ojos de la mujer que había dibujado.

Tristeza e ira de sentirse sola y abandonada. Le pregunté en qué parte del cuerpo sentía esa tristeza, y me contestó que estaba en su pecho, respiró ahí, le dio espacio para que se mueva, se permitió llorar y se integró. La ira se alojaba en su abdomen, le dimos la bienvenida y le preguntamos al cuerpo cómo quería expresar esa ira. La ira se expresó empujando y empujando con presión sus manos contra las mías acompañando con frases que le pudieran ayudar a completar la situación que no pudo hacerlo seguramente en su infancia. En vez de sentir culpa y depresión, ella pudo sentir su ira y expresarla.

Al preguntarle sobre los dibujos circulares encima de su cabeza de color negro respondió que era ese sentirse estancada, incapaz de ver la luz o el futuro. Y los dibujos color negro como garabatos debajo de ella era la inseguridad y la fragmentación que se movían en busca de formas definidas.

Las líneas curvas en el medio como olas para mí, eran el movimiento que va y viene, la energía que se está moviendo entre dos lados. Y ya en el centro habían líneas verticales justo en el color naranja que hablaban del potencial de empoderarse y amarse así misma.

El borde rosado, la niña herida activada por la situación actual. Las puntas azules en el borde para ella eran como flechas apuntando hacia si misma. Sin embargo no eran atemorizantes para Diana sino más bien surgió en ella la pregunta: ¿ Me estoy hiriendo a mi misma? O ¿Debo regresar a mí? Esas preguntas quedaron para ser trabajadas durante las siguientes semanas. Al final le pregunté cuál era su intención al ver su mandala o si sentía alguna necesidad específica con él. Me respondió: “quiero sacarla (sacarme) del enredo”

Así transcurrieron varios mandalas donde poco a poco y a su ritmo se iban aclarando cosas y comprendiendo otras. Más que nada un trabajo de rescate de su amor propio, de encontrar su centro, de aquietar su mente y sentirse segura y a salvo.

En el último mandala hubo una explosión de energía liberadora y sanadora. Ya en ese tiempo había empezado a tomar decisiones importantes para su vida. Dejó de sentirse víctima para sentirse creativa y capaz. Es decir empezó a nutrir a su niña interna y a dar cabida a la madre y padre en ella. Para esto ayudó mucho el trabajo con los mensajes de la Buena Madre que hicimos dentro de un mandala. La relación con su pareja estaba mejor, ya no había recriminaciones ni culpas sino que habían dos personas aprendiendo y saliendo adelante en equipo. Aprendió a comunicar mejor sus sentimientos y a escuchar al otro.

Este mandala es una clara y simple representación de un nuevo comienzo. Aquí hay un torrente de color amarillo, de fuerza y vitalidad. Dirección de vida y luz que emerge desde abajo a lo largo de la columna. Hay acceso, se desenredó el conflicto.

Los dibujos como olas (el vá y el viene entre dos partes) que habían en el primer mandala y que persistían en otros, ahora se disipan hacia los lados para dar espacio a su fortaleza interna y sus dones. Las formas verdes como rastrillo dicen mucho sobre su capacidad de discernimiento para ir dejando lo viejo e ir abrazando lo nuevo en ella. Los espirales como ojos abiertos, transformación en movimiento hacia nueva etapa de su vida.

Su postura corporal era muy distinta a cuando llegó a mí la primera vez. Se sentía su presencia y su vitalidad, estaba más segura de sí misma y hasta había re-aparecido su sentido del humor!

Ese fue el viaje sagrado de Diana hacia su propia sombra y encontrar precisamente ahí su gran potencial de sanar y seguir adelante cada vez más empoderada y segura de sí misma.

Gracias por tanto Mandala Intuitivo!

Susana Guerini

 

 

 

 

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