Restaurándome desde mis raíces, pieza por pieza voy formando mi nueva base. Reconstruyo e incluyo diferentes capas entre dolores antiguos y fuerzas escondidas.

Nacen de este pilar, de este torso, dos alas de murciélago, alas de sueños, de intuición y de visión. Se abren hacia la verdad de las cosas. Estas alas me permiten viajar hacia el misterio y expandirme desde mis profundidades para renacer una y otra vez.

Los espirales de mi pecho giran en forma de infinito, gira la capacidad de nutrirme y nutrir a los demás como mujer y como madre.

Subo poco a poco por la escalera azul de mis cervicales, siento las mareas que fluyen hacia arriba en un movimiento amoroso de la vida. Necesito pararme para empezar de nuevo.

Un bulbo cargadito de esperanzas y dones espera con paciencia forecer en el norte como si ya estuviera saboreando la primavera.

Y mientras tanto se teje por delante y por detrás la trenza de la transformación, del encuentro luminoso de la madre con su hija interna.

Susana Guerini

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